¿Qué recuerdas de tu etapa escolar?
Página 9 de la Edición N°023 — Foto: archivo Curacavíve
¿Qué recuerdas de tu etapa escolar? “Recuerdo que a pesar de que era conflictivo, era también muy mimado por algunos profesores que, siempre valoraron mis aptitudes artísticas. Me es inevitable recordar a la profesora Yasna Sanhueza, su porte, su carácter, su exigencia y compromiso con educarnos. Éramos pequeños y ella era una mujer enorme (más de 1,75 metros) a la que simplemente no se le podía engañar, se paraba a 5 cm de ti, te miraba fijamente y escudriñaba al tiempo que preguntaba con voz firme sobre cada contenido y detalle de lo que nos había enseñado, en la sala no volaba ni una mosca durante sus interrogatorios y nadie quería ser objeto de su atención pues el más mínimo error en las respuestas era inmediatamente comentado y analizado -eso si que era disciplina académica-. La exi-
gencia de su plan lector es para mi algo legendario, era un libro mensual seguido de la correspondiente prueba con preguntas de desarrollo, descripciones, pareamientos, etc. Nada que ver con
la situación que le ha tocado a mi hija, a la que hasta ahora (cuarto básico) jamás le han hecho leer algún clásico de la literatura infantil y raramente le han dado la tarea de leer un libro completo. Recuerdo a otro adulto enorme (jajajaja) el se llama Daniel Valenzuela, cariñosamente le apodaron Willy, este hombre fue con nosotros todo lo que se puede esperar que un adulto sea con los niños; paciente, abierto, respetuoso, empático, protector, amable y estricto. A pesar de que éramos unos vándalos, no tenía reparos en sacarnos al cerro
durante la hora de educación física, rumbo a la mina del agua, las antenas y otros lugares en donde hacíamos lo que queríamos durante 15 o 20 minutos antes de volver. En fin, tengo muchos bonitos recuerdos del colegio donde estudié, el Instituto San Luis, ubicado aquí en la comuna”.
¿Dónde vivías y quiénes integraban tu familia en esa época? “Vivíamos en la Villa el Sol, calle Los Alerces 351. No puedo olvidarlo, fue una de las primeras cosas que aprendí. Vivíamos todos apretados en esa casa, abuela, hijos, nietos, tíos, primos y las itinerantes visitas. Éramos como “una gran manada” jamás nos faltaba la compañía, ni tampoco con quien jugar”.
¿Cómo llegas ¿Cómo a vivir a comienzas a Curacaví? interesarte por el arte? “Mi familia llega por trabajo primero y luego por vivienda. Mi abuelo materno, trabajaba para una de las policías (si mal no recuerdo) y, eso le permitió postular a una casa en Villa el Sol (la primera población de Curacaví según tengo entendido -en el sentido amplio del término) eso fue a principios de los setenta. A finales de los ochentas nací en Santiago y luego de un par de meses me trajeron a vivir al pueblo”. 10
“Yo era muy niño aún, creo que tenia 6 o 7 años a lo mucho y quería hacer algo bien. Es que era muy revoltoso. Me pasaba gran parte de mi tiempo libre mirando las ilustraciones de los libros que estaban en la biblioteca de la casa, por esos días también el canal Megavisión comenzó a dar una serie que a la fecha es clásica en toda Suramérica, Dragon Ball Z y así todo se juntó, de un día para otro,
todo el grupo de amigos se transformo en una junta de diletantes del dibujo, tiempo después salté a la pintura y el tiempo voló”.
¿En qué momento y cómo surge tu interés por pintar? “Entre los 7 y 8 años me topé con la pintura de los impresionistas, a los que mi mamá observaba mucho. Luego en cuarto básico
llegó al colegio un sujeto extraño, muy de los noventas, que rápidamente se gana la atención y amor de todo el alumnado. Su nombre era Patricio Gil. Él se acercaba a nosotros como ningún otro docente pudo, muy de cerca y en voz baja nos decía: “qué pasa con los guatones” (éramos gorditos) wns, cabros qls… Y nosotros en voz baja le decíamos “qué te pasa cabezón ql…” La clave de toda esta situación, que hoy en día sería escándalo nacional y comidillo en RRSS, es
11
que al terminar con los improperios nosotros y el profe decíamos “es talla”, es decir, todo vale mientras sea bromeando. Por supuesto nosotros nunca abjuramos de nuestro código y mantuvimos nuestro trato entre caballeros. El profe, que nos daba libertades para tratarlo, también nos las daba para crear y, se aseguró de enseñarnos y aconsejarnos en dibujo y pintura, en esta última técnica nos permitió trabajar sobre tela. Esa experiencia me hizo interesarme definitivamente por la pintura”.