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Cultura Edición N°044 · páginas 16 Público

El horror de la vigilia

Página 16 de la Edición N°044 — Foto: archivo Curacavíve

EL HORROR DE LA VIGILIA Nuestra historia es caer como un valiente. Roberto Bolaño

a obra poética de Domingo de Ramos (Perú, 1960) está compuesta, fundamentalmente, por los títulos: Arquitectura del espanto (1988), Pastor de perros (1993), Luna cerrada (1995), Ósmosis (1996), Las cenizas de Altamira (1999), Erótika de klase (2004), Dorada apocalypsis (2009), Demolido fuego (2010) y Cartas desde la azotea (2011); además de su libro recopilatorio In-sufrido fuego (2014), que reúne la totalidad de su poesía publicada entre los años 1988 a 2011. Se trata de una obra que da cuenta de una práctica escritural compleja y de gran fuerza, en la que la ciudad adquiere una presencia central en el transcurso de su desarrollo. El escenario urbano –junto a un registro lingüístico “propio de la jerga popular y marginal capitalina”, además de las experiencias periféricas de la ciudad– forma parte de un discurso literario que, por la distorsión de las imágenes, se aleja del simple realismo descriptivo, adquiriendo ribetes de una marcada subjetividad o expresionismo. En contacto con la tradición romántica, simbolista, surrealista y neovanguardista, como Hora Zero, Domingo de Ramos incorpora la pasión liberadora presente en autores como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé; César Vallejo;

POR JULIÁN GUTIÉRREZ Escritor

Ezra Pound y Thomas S. Eliot, por nombrar solo algunos. Poetas que, tal como lo confiesa el propio Domingo de Ramos en una entrevista, instan a “captar la velocidad de la luz, de la ciudad, su caos, sus palpitaciones y exponerlas a los ojos del lector como un todo. Que dé el efecto de un simultaneísmo de acumulación de tal manera que se pueda sentir esa otra realidad que ya no vemos y que es la poesía en su esplendor”. Su carácter neovanguardista expresado desde el mismo movimiento Kloaka, agrupación de la cual Domingo de Ramos es uno de los fundadores, queda en evidencia tanto en la serie de manifiestos que escriben, como también en su propia práctica escritural. En ellos se demuestra esa voluntad de vincular arte y vida, denunciando la descomposición de la sociedad desde la vivencia límite (realidad de cloaca) y siempre en actitud de oposición y ruptura respecto a los centros de poder que son vistos como responsables de la crisis.

Así, se aprecia en su poesía una radicalización del registro conversacional hegemónico (que se había producido en los setenta), llegando a un estallido o quiebre lingüístico. Con Kloaka, la exploración de los límites del lenguaje llega a extremos de la ilegibilidad, el quiebre de la

lógica y fragmentación del discurso. Es al interior de esta alteración, propia de la condición de sujeto migrante del poeta, que aloja una nueva recomposición posible de ser percibida como parte de una inconformidad, pero, a la vez, de una posible utopía: realidad otra.

Publicado originalmente en la Edición N°044 · páginas 16 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de