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Patrimonio Edición N°052 · páginas 15 Público

Entre la niebla y la selva húmeda del Ecuador, el fotógrafo y escritor Hernán Cisternas retrata la majestuosidad del Gallo de la Peña y la urgente necesidad de proteger estos bosques únicos en el mundo

Página 15 de la Edición N°052 — Foto: archivo Curacavíve

Entre la niebla y la selva húmeda del Ecuador, el fotógrafo y escritor Hernán Cisternas retrata la majestuosidad del Gallo de la Peña y la urgente necesidad de proteger estos bosques únicos en el mundo

En el Ecuador han sido deforestados el 98% de estos bosques para instalar ganadería y agricultura de monocultivo. Por esta deforestación generada existe el peligro cierto de que desaparezcan muchas especies de animales y aves.

esde la selva del Darién, ubicada en la República de Panamá, bajando unos 1500 km lineales al sur y de 274.597 km² hasta el noroeste del Perú, existe una franja de bosques, los más húmedos del mundo, llamada “Tumbes-Chocó-Magdalena”. Esta banda de bosques, única en el mundo, está en un punto crítico (llamada hotspot por su diversidad y por su fragilidad). En el Ecuador han sido deforestados el 68% de estos bosques para instalar ganadería y agricultura de monocultivo. Por esta deforestación generada existe el peligro cierto de que desaparezcan muchas especies de animales y aves. En esa zona de Ecuador, el “Chocó Andino de la provincia de Pichincha” entre las localidades de Mindo, Nanegal y Nanegalito, existen 830 especies de aves clasificadas. En esta franja, que va desde los 600 metros a los 2800 metros sobre el nivel del mar se alberga la más alta tasa de aves por kilómetro cuadrado del mundo, así como una infinidad de animales endémicos, como el Olinguito (Bassaricyon neblina), descubierto en el año

2013; el oso de anteojos, el tucán del Chocó, el pájaro paraguas y el emblemático gallo de la peña. Hace ya tres décadas, de forma infructuosa, fui en varias ocasiones en busca de un ave considerada el “espíritu de la montaña”. En enero de este año participé en una incursión para fotografiar este magnífico ejemplar en su estado más puro. Por cierto, me dedico a la fotografía de naturaleza desde principios de los 80. Este pájaro es el Gallo de la Peña (Rupicola peruvianus). Sin duda pasó de ser un ave en estado crítico, a ser considerada el motor de la conservación y emblema de los bosques húmedos del Chocó Andino. A las 5 de la mañana de un día de enero de este año salí con un guía a marchar por esos bosques que lo cobijan. Pasamos por una hacienda dedicada a la ganadería y en la cumbre de esa montaña se ubica un leks, que son sitios donde los machos en celo, varios de ellos, cantan y bailan con graznidos para exhibirse ante las hembras. Esto dura una hora para desaparecer hasta el otro día; varía entre semanas y meses. La hembra

los observa a cierta distancia para ver el plumaje y el vigor en los saltos y bailes. Mientras más intensos los colores rojo escarlata y los blancos puros de su espinazo, junto con su negra cola, le indican mejor alimentación y mejores genes para su descendencia. Pero volvamos a ese momento. Llegamos todavía entre la oscuridad de la selva, con una lluvia persistente, y la neblina diaria no se despegaba de esas montañas. Hicimos cumbre y esperamos entre unos palos que hacían de barandas, ocultándonos bajo los árboles llenos de líquenes y musgos. Cuando aparecieron los primeros movimientos entre esos árboles llenos de plantas epífitas, tanto bromelias como orquídeas, fueron sin duda imágenes que cortan la respiración por su generosidad de colores y variedad de arboledas. Llegaban así los primeros gallos. Al estar en esa hora de la mañana fotografiarlos fue sin duda tarea difícil y compleja, pero empezó a aclarar y entre unos doce machos comenzaron con el ritual de cantos, con esos gruñidos y sonidos guturales, saltando de rama en rama

exhibiéndose, cada uno mostrándose y dando sus mejores señales. Una hembra miraba desde un sector distante, entre el follaje, esas danzas nupciales. Después de unos minutos levantó vuelo con sus colores pardos rojizos. Su diseño extraordinario está hecho para camuflarse de los enemigos cuando anida, entre las rocas traspasando el velo de agua de las cascadas de los manantiales. Sin duda esa mañana se adueñaron de ese tiempo, que quedará grabado con fotografías y recuerdos imborrables. Además, de constatar que existe una nueva visión sobre el progreso de la sociedad, sin exterminar los últimos refugios vírgenes que soportan y albergan un desarrollo ahora sustentable para el futuro de los bosques húmedos tropicales y las comunidades que los custodian.

Publicado originalmente en la Edición N°052 · páginas 15 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de