Padre Marcos Pardo Velásquez
Página 6 de la Edición N°052 — Foto: archivo Curacavíve
Marcos Pardo Velásquez
La fe también nace de los recuerdos más sencillos Padre Marcos, cuéntenos ¿dónde nació? Soy llolleíno de corazón. Nací en Llolleo, comuna de San Antonio, en la Quinta Región. Toda mi familia es de allá, de Llolleo, porque la gente de la costa distingue mucho entre San Antonio, Llolleo, Santo Domingo y Barrancas. Son lugares muy cercanos, pero cada uno tiene su identidad muy marcada. ¿Dónde realizó sus estudios? Toda mi formación académica la hice en el Colegio España, que en esos años
era una escuela municipal. Estudié allí desde kínder hasta cuarto medio. Es una de las escuelas más antiguas de la comuna; ya tiene más de cien años. Fue el lugar donde crecí y donde guardo muchísimos recuerdos importantes de mi infancia. ¿Cómo recuerda esa etapa de su vida? Tengo recuerdos muy bonitos de mi infancia. Junto a mi hermana éramos los más pequeños de la familia y muy queridos por todos: mis tíos, mis abuelos y
toda la familia en general. Por parte de mi padre fuimos los primeros nietos, y por parte de mi madre éramos los menores, así que crecimos rodeados de mucho cariño. Recuerdo especialmente los momentos en la casa de mi abuela y también en el taller de mi padre, quien se dedica a la mueblería. Son recuerdos sencillos, pero muy significativos para mí. ¿Cómo se llaman sus padres? Mi padre se llama Marcos Enrique Pardo Serrano. Mi madre, que ya partió hace
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“Recuerdo especialmente los momentos en la casa de mi abuela y también en el taller de mi padre, quien se dedica a la mueblería. Son recuerdos sencillos, pero muy significativos para mí” esa sensibilidad fueron marcando profundamente mi vida y ayudaron a moldear el camino que finalmente me llevó al sacerdocio. Mi papá también es hoy un hombre muy creyente. Mi madre, de alguna manera, también lo fue acercando cada vez más a la fe. ¿Siente que todos esos recuerdos siguen presentes en usted? Por supuesto. Hay muchos recuerdos, muchas experiencias y muchas personas que fueron dando forma a mi vocación. Todo ese camino vivido en familia sigue muy presente en mí y también en la forma en que hoy intento acompañar a las personas como pastor de una comunidad.
“La liturgia de la Iglesia fue concebida originalmente para ser cantada. Los salmos, por ejemplo, nacen como cánticos. Jesús mismo cantó con sus discípulos. Por eso el canto tiene un lugar tan importante dentro de la celebración”
cinco años, se llamaba Isabel Margarita Velásquez Rojas. Ella fue una persona muy importante en mi vida. ¿Tiene hermanos? Tengo a mi hermana María José Pardo Velásquez. Actualmente está casada con Sebastián y ellos nos han regalado dos hermosos niños: Trinidad y Samuel, que son la alegría de la familia. A pesar de sus responsabilidades pastorales, ¿mantiene una relación cercana con su familia? Por supuesto. Siempre trato de visitarlos. Generalmente voy los domingos y regreso el lunes por la tarde. La familia sigue siendo un pilar muy importante en mi vida. Ya ha pasado un año desde su llegada a Curacaví. ¿Qué ha significado este tiempo junto a la comunidad?
Ha sido un tiempo muy importante para mí, porque es la primera parroquia que recibo como párroco. Antes había trabajado en distintas comunidades y pastorales como vicario, pero el 4 de mayo de 2025 asumí por primera vez la responsabilidad completa de una parroquia. Estoy muy feliz, porque este tiempo me ha permitido crecer mucho. Una cosa es la formación teórica y otra muy distinta es vivir el día a día de una comunidad, donde recaen responsabilidades, decisiones y muchos desafíos humanos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora y también muy desafiante. ¿Cómo nació su vocación sacerdotal? Mi vocación nace profundamente en mi infancia y especialmente en mi familia. Mi mamá era una mujer profundamente católica, muy comprometida con la fe y con la vida de la Iglesia. Desde
pequeño viví un ambiente muy marcado por la oración, las celebraciones religiosas y una fe muy auténtica. Recuerdo especialmente cómo se vivían antes las Semanas Santas, con mucha profundidad y participación. Toda esa transmisión de la fe fue dejando una huella muy fuerte en mí. Entonces, ¿sus padres fueron fundamentales en ese camino? Sin duda. Mi padre y mi madre fueron pilares fundamentales de mi vocación. Mi mamá especialmente fue un verdadero testimonio de vida cristiana. Aunque hoy ya no está físicamente con nosotros, sigo agradeciendo profundamente su ejemplo. Era una mujer muy cercana a la Iglesia, muy solidaria con las personas más necesitadas. Recuerdo su preocupación constante por ayudar, colaborar y acompañar a los más pobres. Esa caridad y
Muchas personas destacan su cercanía y capacidad de escuchar. ¿Qué lugar ocupa hoy la escucha en el trabajo pastoral de un sacerdote? Es fundamental. Primero, porque escuchar permite conocer realmente a las personas. Este año en Curacaví ha sido, sobre todo, un tiempo para involucrarme en la vida de la comunidad, conocer las historias de la gente y comprender sus distintas realidades. Y eso requiere mucha escucha. Cada sacerdote tiene su propio sello, su propia forma de ser, pero todos intentamos seguir el mismo estilo de Jesucristo: servir, acompañar, escuchar y ayudar. A veces hay situaciones que uno no puede solucionar. Hay dolores que no se pueden revertir fácilmente. Pero cuando una persona se siente verdaderamente escuchada, se va de otra manera. A veces basta una palabra sencilla, un consejo o simplemente la posibilidad de ser acogido. ¿Cree que hoy las personas necesitan más espacios para ser escuchadas? Sin duda. Creo que estamos muy al debe como sociedad en temas de salud mental y acompañamiento humano. Mucha gente necesita hablar, liberar lo que lleva dentro, sentirse comprendida y acompañada. Muchas veces buscan a un sacerdote,
06 / CURACAVÍVE - REVISTA CULTURAL DE COLECCIÓN - MAYO 2026 A veces ocurre que un párroco se va y no deja preparado el camino para quien llega después, pero él sí lo hizo. Y eso también es un aprendizaje para mí, porque algún día tendré que partir de esta comunidad y llegará otro sacerdote. Uno debe preparar siempre el camino para quien viene después. ¿Los sacerdotes son trasladados periódicamente de una parroquia a otra? Sí, así lo establece la Iglesia. Los sacerdotes no permanecemos toda la vida en una misma comunidad. Generalmente, un párroco permanece entre seis y ocho años en una parroquia. Eso permite conocer nuevas realidades y también evita que uno se acomode demasiado a un solo lugar.
Celebración Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Curacaví a un médico o a alguien que represente confianza para poder abrir su corazón. Y eso exige mucha capacidad de escucha. Yo mismo he tenido que aprender y trabajar esa virtud. A veces uno quiere llegar con sus propias ideas, pero muchas veces primero hay que escuchar para aprender. ¿Cómo enfrenta espiritualmente todo lo que las personas le confían? La principal misión de un sacerdote es orar por su comunidad. Todo lo que escucho y acompaño lo llevo finalmente a los pies del Señor. Cuando celebro la Eucaristía o estoy en oración en mi oratorio personal, presento allí las alegrías, dolores y preocupaciones de las personas. Uno no podría cargar solo con tantas historias humanas. La oración también es una manera de entregar todo eso a Dios y encontrar paz. Hace poco participó en la tradicional celebración de Cuasimodo, donde se
le vio muy cercano a enfermos y adultos mayores. ¿Qué significado tiene para usted esa experiencia? A mí me apasionan profundamente las tradiciones populares y la vida sencilla de los pueblos. Por eso agradezco mucho cuando me toca servir en parroquias más rurales o comunitarias, porque allí se vive una fe muy auténtica. Cuasimodo tiene un valor enorme. No es solo una tradición; es llevar compañía, esperanza y presencia espiritual a quienes más lo necesitan, especialmente personas enfermas o postradas que muchas veces no pueden salir de sus casas. ¿Qué enseñanza le deja el encuentro con los enfermos y adultos mayores durante celebraciones como el Cuasimodo? Yo siento un profundo cariño por las tradiciones populares y por la vida sencilla de los pueblos. Hay costumbres que en las ciudades se han ido perdiendo, pero que en comunidades como Cura-
caví todavía conservan un enorme valor humano y espiritual. Por eso procuro respetarlas, acompañarlas y también rescatarlas. La religiosidad popular está muy ligada a la gente más sencilla, a las personas humildes, a los enfermos y a los adultos mayores. El Cuasimodo justamente tiene ese sentido: acompañar a quienes sufren y llevar la presencia de Dios a quienes no pueden llegar hasta la Iglesia. Y la verdad es que el cariño con que uno es recibido emociona profundamente. Desde el primer día me sentí muy acogido por la comunidad. Usted llegó tras el paso del padre Álex Ponce, muy querido también en Curacaví. ¿Cómo vivió esa transición? El padre Álex dejó un camino muy bien preparado. Somos muy cercanos y venimos prácticamente del mismo barrio, en San Antonio. Él realizó una labor muy hermosa, marcada por la humildad, la cercanía y la caridad.
Sus misas son muy emotivas y la música ocupa un lugar importante en ellas. ¿Qué significado tiene para usted? Tengo una sensibilidad muy especial por la música y el arte. Siempre me han atraído profundamente. Y eso naturalmente también se expresa en la celebración de la Eucaristía. La liturgia de la Iglesia fue concebida originalmente para ser cantada. Los salmos, por ejemplo, nacen como cánticos. Jesús mismo cantó con sus discípulos. Por eso el canto tiene un lugar tan importante dentro de la celebración. A mí me gusta mucho la solemnidad litúrgica, el canto gregoriano y la música sacra. Siento que todo eso ayuda a elevar el espíritu y crea una atmósfera de recogimiento y encuentro con Dios. ¿Escucha también otro tipo de música? Sí, aunque mis gustos son bastante clásicos. Me gusta mucho la música docta. Disfruto compositores como Bach, Mozart o Vivaldi. Son músicos que muchas veces componían inspirados profundamente en Dios y eso se percibe en sus obras. La música tiene la capacidad de elevar el alma. La respeto toda, por supuesto, pero personalmente me siento más cercano a aquello que transmite profundidad, belleza y contenido. Vivimos tiempos de ansiedad, soledad e incertidumbre. ¿Qué cree que
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“También quisiera invitar a no perder nunca la esperanza. Aunque existan dificultades o cansancio, el Señor sigue caminando junto a nosotros. Y como comunidad parroquial queremos seguir acompañando con cercanía, fe y esperanza a todo el pueblo de Curacaví” necesita escuchar hoy la sociedad desde la fe? Creo sinceramente que al mundo actual le falta Jesucristo. Vivimos rodeados de muchas voces, respuestas rápidas y mensajes superficiales, pero muchas veces sin verdadera profundidad. La propuesta de Jesucristo sigue siendo profundamente actual y transformadora. Claro que es desafiante, porque el Evangelio rompe muchas veces con la lógica del mundo. Pero precisamente ahí está su fuerza. Como Iglesia, nuestro gran desafío es seguir anunciando ese mensaje con lenguajes nuevos y cercanos, sin perder la esencia del Evangelio. ¿Cómo acercar hoy la Iglesia a las nuevas generaciones? Es un desafío enorme. Las tecnologías han cambiado completamente la forma de relacionarnos y comunicarnos. La Iglesia necesita aprender a habitar también esos espacios para acercarse a los jóvenes. Pero eso no significa cambiar el mensaje del Evangelio. La verdad de Jesucristo sigue siendo la misma. Lo que debemos renovar son los lenguajes, las formas y las estructuras para llegar mejor a las personas de hoy. A pesar de su juventud, transmite mucha serenidad y humildad. ¿De dónde nace esa forma de vivir el sacerdocio? Nace de mi familia. Vengo de una familia muy sencilla y trabajadora. Mis padres sacaron adelante nuestro hogar con mucho esfuerzo y también vivimos momentos difíciles económicamente. Eso me enseñó a valorar las cosas simples, a agradecer lo que se tiene y también a comprender mejor el sufrimiento de otras personas. Cuando alguien llega con problemas o necesidades, puedo entenderlo desde experiencias reales de vida. Por eso siempre habrá disposición de ayudar y acompañar a quien lo necesite.
Usted suele poner siempre el foco en las personas y no en sí mismo. ¿Qué significa servir desde la sencillez? Un sacerdote no se predica a sí mismo. Nosotros anunciamos a Jesucristo, no nuestro propio protagonismo. Si durante el tiempo que me toque servir en Curacaví logro que las personas se encuentren más profundamente con Cristo y descubran el amor de Dios en sus vidas, entonces sentiré que la misión
está cumplida. Lo importante no es que recuerden al padre Marcos, sino que logren encontrarse con el Señor. Finalmente, ¿qué mensaje quisiera entregar hoy a la comunidad de Curacaví? Quiero decirle a la comunidad que las puertas de la parroquia están abiertas para todos. Queremos seguir constru-
yendo una Iglesia cercana, acogedora y disponible para acompañar a las personas en cualquier circunstancia de la vida. También quisiera invitar a no perder nunca la esperanza. Aunque existan dificultades o cansancio, el Señor sigue caminando junto a nosotros. Y como comunidad parroquial queremos seguir acompañando con cercanía, fe y esperanza a todo el pueblo de Curacaví.