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Comunidad Edición N°013 · páginas 26 Público

Rafael Toro

Página 26 de la Edición N°013 — Foto: archivo Curacavíve

“Todas las cosas que he hecho en mi vida, las he hecho con gusto y agrado, hasta las cosas que no me gustaban…”

ui criado en el campo, mi padre era agricultor de la zona de Sagrada Familia en la comuna de Curicó. Viví hasta los 10 años allí. Nos tocó vivir épocas malas de Chile, por lo cual tuvimos que emigrar a Santiago y lo que más me dolió fue dejar a mi caballo allá, el único que había y que lo usaba mi padre para recorrer el campo. Fue así que desde niño me hice fanático de los caballos. Al venirme a Santiago perdí contacto con el campo y pasaron los años, estudiando en el colegio y posteriormente en la universidad. Siendo bueno yo para los números, las matemáticas y la física pero gustándome tanto el campo, decidí estudiar ingeniería, pero con una meta muy clara; algún día juntar la plata para comprar un campito. Pasaron los años y después de titularme formé una empresa constructora, me dediqué a construir, trabajé alrededor de 20 años y luego de eso finalmente surgió la oportunidad de poder comprar un campito chico y comencé a buscar algo, pero cerca de Santiago, y en esa búsqueda llegué a estos cerros de Curacaví. En ese tiempo conocí a una persona muy de Curacaví, don Cristián Baeza quien me dijo: “mira, te voy a llevar a ver un campo, es grande, pero es barato porque es puro cerro” y para conocerlo había que mirarlo a caballo y yo con tal de andar a caballo…feliz

fui a verlo aunque no tenía ninguna posibilidad de comprarlo porque era muy grande. Al mirar este lugar me fascinó, era puro cerro y mucho espino, era el terreno de don Jorge Lasserre. Al conversar con él solo hablamos de caballos y resultó ser además, amigo con un tío mío. Finalmente me dio las facilidades para cerrar el trato y adquirí el campo, aquí donde estamos conversando tú y yo. Lo primero que hice fue comprarme un caballo, era mi sueño. Bueno, el mismo señor Lasserre me dijo: ”Rafael, entre tener un caballo cerrucano y otro fino te vas a gastar los mismo, yo te puedo asesorar para que te compres uno bueno sin gastar mucha plata” y me mandó a un remate del criadero Doña Hilda, que liquidaba todo su criadero y me fui al club Gil Letelier y con la plata que había llevado me compré tres caballos en vez de uno, de los que don Jorge me había sugerido comprar. De esa compra me salió un potro fantástico, que hasta

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el día de hoy es mi caballo reproductor, mi gran cosechero de sangre muy buena, caballo chileno, finalmente me hice corralero. Después conocí a don Pedro González quien se transformó en mi arreglador que tiene como función trabajar con los caballos y los deja en condiciones de correr en los rodeos. Don Pedro tiene unas condiciones muy especiales para ese objetivo. Finalmente formé el criadero “Oña Laura” fui sacando hermosas crías y llevamos ya 19 años. En morfología he tenido muy lindos caballos. He llevado también caballos a exposiciones sacando el segundo lugar de Chile. En la parte deportiva acabo de clasificar para competir en el rodeo de Rancagua 2019…que es lo máximo que se llega en los rodeos. Estoy muy contento de lo que hemos logrado hasta ahora. Cuando compré este campo, hice un plan de manejo y planté unas hectáreas de almendro de nogales y un poco de pistachos, también construí un tranque de 60 mil m3, con lo cual este campo se transformó en un paraíso, hablo del año 2003 más o menos. Mis hijos hacían sky acuático en esa época, era muy hermoso este lugar, sin embargo, el clima comenzó a cambiar. Yo he vivido en carne propia el cambio climático, como ha afectado nuestro valle de Curacaví. Al comienzo mis hijos se enterraban en el barro por la cantidad de lluvia

Publicado originalmente en la Edición N°013 · páginas 26 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de