Una puesta de sol, puede ser hermosa, pero si la disfrutas acompañado, será una emoción que perdurará para siempre
Página 23 de la Edición N°016 — Foto: archivo Curacavíve
Juan Carlos
“Una puesta de sol, puede ser hermosa, pero si la disfrutas acompañado, será una emoción que perdurará para siempre”
Avilés Amigo
a pandemia del individualismo, de la poca humanidad, de esperar que otros hagan lo que deberíamos hacer nosotros, es tal vez más grave que la crisis que estamos viviendo. Cuando reflexionamos que esta pandemia nos hace volver a la familia, a estar juntos en el hogar, nos olvidamos que la comunicación se perdió antes, con el celular, con las reuniones de amigos virtuales, con el tele-trabajo, etc., todo es individual y tecnológico. Pero hay un porcentaje importante de la humanidad, que quiere seguir siéndolo, abrazando a los hijos, amando a la pareja, aprendiendo de los viejos, riendo con los amigos, abrazándonos, tocándonos. Cuando nos damos la mano, significa que ella está lejos del arma, que está limpia y que el que nos contesta, está en igualdad de condiciones. El tele-estudio, el tele-trabajo son tremendas oportunidades, pero nada puede ser mejor que establecer una relación personal con el otro, ojalá de pensamientos diversos que nos enriquezcan y que nos permita en nuestras diferencias, ser más amigos en el aprendizaje.
Cuando muere un viejo, es como si se quemara una biblioteca, el registro de la experiencia, la visión personal, los sentimientos, no pueden ser remplazados por un video o una grabación, pues estos no tienen la profundidad del alma que tiene el ser humano. Ojalá que esta tragedia dure lo menos posible, para que no terminemos siendo amigos de una imagen de celular o de un computador. Una puesta de sol, puede ser hermosa, pero si la disfrutas acompañado, es una emoción que perdurará para siempre. La risa de un niño, el sentir que comienza a caminar afirmado de tu dedo, transmiten calor y una energía irreemplazable. Ojalá que nunca encuentren una vacuna contra el amor, contra la amistad y contra la humanidad, pues en ese momento, nos habremos transformado en un fondo de pantalla.
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