InicioEdición actualArchivoSeccionesNosotros Mi cuenta
Entrevista Edición N°025 · páginas 23 Público

Ramón Bermúdez Cerda

Página 23 de la Edición N°025 — Foto: archivo Curacavíve

“Uno tiene que trabajar siempre en armonía y en paz para que esta energía se traspase al cliente”

omos oriundos de Curacaví, pero yo nací en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaiso. Mi madre tuvo 14 hijos, dos de ellos ya fallecidos, ella en la actualidad tiene 99 años y se llama María Fuencia Cerda Padilla. Estudié en una escuela de curas en Santiago y posteriormente en la escuela “La Galvarino San Ramón” en la comuna de la Cisterna. Después de estudiar en la enseñanza media, hice un curso de Taekwondo en la academia de Omar Román, estuve con él como 15 años. Como sabía defensa personal me puse a trabajar en seguridad, me contrataban para cuidar a personas influyentes. Era arriesgado, estuve al borde de la muerte junto al dueño de la empresa Larbos de licores finos con quien íbamos a depositar dinero al banco. Nos hicieron una encerrona, afortunadamente no pudieron robar el dinero, pero quedé con golpes múltiples y sin mayor gravedad. También trabajé de guardia en las Ferias Libres. Trabajé un tiempo como supervisor en Vallemar Ltda. empresa de propiedad de Don Manuel Larraín. Estuve 3 años trabajando allí. Me dediqué después a los negocios particulares.

Luego me casé cuando tenía 29 años, tuve dos hijas; Marión Paz y Muriel Elizabeth, cada una ya con su vida hecha. Después me divorcié. Cuando regresé a Curacaví, comencé a hacer artesanía en cuero, participando en las ferias de navidad, pero no estuve mucho tiempo en eso ya que los chinos invadieron el mercado con cosas de muy mal gusto y muy baratas y como la gente no valora el trabajo artesanal no pude seguir. Esto les pasó a muchos pequeños negocios, es imposible competir con ellos, lamentablemente. Finalmente, en el 2004 me puse a estacionar vehículos en esta plaza Presidente Balmaceda de Curacaví, fui el precursor de los autorizados para acomodar vehículos. A través de Don Guillermo Barros logré ese permiso legal. A él siempre le gustaban las personas que trabajaban, ese fue el entusiasmo que vio en mí y logré su permiso. Las cosas han ido cambiando, actualmente han sobredimensionado este espacio. Este lugar es para dos personas; un turno en la mañana y otro en la tarde, pero no para cuatro como lo autorizó una directora de tránsito. Aquí hay personas que se esta-

cionan entre 7 y 10 horas, los que viajan a Santiago, entonces no hay rotación como en un supermercado. En este momento logro juntar unos 10 mil pesos diarios más o menos, apenas me alcanza para pagar el arriendo… esto no da. A la autoridad solo le interesa estar bien ellos con la gente, que aquí no pase nada…que no le roben a nadie, que si alguien está traficando o robando en la plaza nosotros le denunciemos. No estamos para eso. ¿Y cómo es la relación con sus compañeros? Mire yo pienso que uno tiene que trabajar siempre en armonía y en paz para que esta energía se traspase al cliente, a uno le va mejor porque al suceder esto, podemos lograr mejores propinas. Hoy en día estoy acostumbrado a trabajar de manera independiente porque ya entregué mis pulmones a las empresas, ellos solo acostumbran a “tocarle la espaldita” y con eso creen que uno queda feliz y conforme… de esa manera uno no surge en la vida. ¿Qué opina de los bonos que entrega el Gobierno? Yo encuentro que ha sido denigrante para el gobierno que estemos gastando 23

Publicado originalmente en la Edición N°025 · páginas 23 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de