Elsa Ort
Página 7 de la Edición N°021 — Foto: archivo Curacavíve
ELSA “La pandemía me arrinconó en el espacio hogareño y esta situación ha sido el mejor regalo y castigo que he recibido en mi vida, retorné al útero de la creación múltiple...”
ecuerdo muchos momentos felices, de mi niñez pues viví en San Fernando en casa de mi abuela materna, hasta por lo menos los diez años, rodeada de adultos cuidada, y querida creciendo al compas de rutinas y ho-
rarios establecidos en esa enorme casona patrimonial de dos patios cerca de la plaza de Armas de San Fernando, allí convivían una variopinta cantidad de personas algunas familiares otras que arrendaban algún espacio la casa otras de servicio. Mis vera-
neos anuales en Pichilemu se extendíán por más de dos meses porque a veces duraban hasta la semana Santa, época de baños matutinos en la llamada playa Chica de mañana y solo hasta que el sonido de la sirena de los baños calientes avisaba las 12 del
“Atesoro lindos momentos sobre todo de mi niñez, esas caminatas al colegio con capas de goma, la mía era de un color rojo burdeo, la lluvia de aquellos tiempos era como un diluvio que teñía la atmósfera de un gris húmedo...” día, después de tarde paseos por la playa grande, o por el bosque del Hotel Ross si el viento era demasiado fuerte. En la playa nos cobijábamos de el viento inclemente bajo las carpas de colores, que año a año eran colocadas en la misma disposición para las
familias de siempre, todo el tiempo transcurría en una rutina de entretenciones simples y saludables baños en las gelídas aguas de las que salía dando diente con diente para cobijarme sobre la arena caliente. Recuerdo de mis cuatro o cinco años, un viaje en
el tren nocturno al sur, que desde ese momento paso a llamarse en mi imaginario “el tren durmiente” , inolvidable fue el momento en que la rugiente máquina rasgó la oscuridad de la noche con su faro de luz, la estación entera quedó envuelta en un torbelli-
no de chorros de vapor, humo chispas incandescentes que flotando sobre el aire nos envolvió como un manto, todo esto acompañado de una ruidosa orquesta de campanadas chiflidos, pitasos ruido y olor de fierros calientes. ¿Y de tu etapa escolar qué
recuerdos tienes? Atesoro lindos momentos sobre todo de mi niñez, esas caminatas al colegio con capas de goma, la mía era de un color rojo burdeo, la lluvia de aquellos tiempos era como un diluvio que teñía la atmósfera de un gris húmedo en
esas caminatas nos encantaba pararnos bajo las bajadas de agua de las casas para mojarnos aún más, bucólica época en que aún se podía ir al colegio caminando sin peligro nuestro colegio estaba mas o menos a cuatro cuadras de la casa, luego