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Cultura Edición N°049 · páginas 10 Público

Un espacio creativo donde niños y adultos descubren la fuerza de su arte

Página 10 de la Edición N°049 — Foto: archivo Curacavíve

Un espacio creativo donde niños y adultos descubren la fuerza de su arte La dedicación y visión de Francisca Macpherson dieron vida a Taller Mandarino, un espacio que floreció gracias a su empeño, su amor por la enseñanza y su profundo compromiso con el arte.

a consigna del Taller Mandarino es “El arte importa”, y lo que puede ser una frase hecha, casi un cliché, en este espacio lleno de vida es un lema que realmente mueve el espíritu y el quehacer práctico, que se siente en cada rincón. ¿Y por qué el arte importa? La pregunta, que no es ¿importa el arte? Si no, por qué el arte importa, nos puede llevar a muchísimas respuestas, pero podemos coincidir en que importa porque nos hace mejores personas, despierta emociones, nos hace sentir y percibir el mundo de manera más rica, incentiva el espíritu crítico, la creatividad, la capacidad de observación y de hacernos preguntas, de relacionarnos mejor entre las personas, porque conectamos con los demás de manera más sensible y empática con la realidad, con los otros, y hoy por hoy, no se me ocurre algo que pueda ser ser más necesario e

importante. El árbol de la vida es un arquetipo mágico, un símbolo universal presente en diferentes culturas y momentos de la historia de la humanidad, que representa la conexión entre la tierra y el cielo, la vida y la muerte, y la unión del mundo espiritual y el material. Se representa como un árbol con raíces profundas y ramas extendidas, simbolizando el ciclo de la vida y la conexión entre generaciones y el cosmos. En este taller, un lugar donde las infancias no se subestiman, los niños trabajaron durante 2 meses para dar vida a sus “árboles de la vida”. Llevaron a cabo un ejercicio material, plástico, de hacer, de armar, de pegar, componer, pegar, armonizar, así como también uno profundamente reflexivo, donde cada niña y niño en su “aparente simplicidad y espontaneidad” escogieron elementos que daban sentido a sus vidas y que fueron

dispuestos no al azar, si no de acuerdo a una articulación que hablaba de sus conexiones, de sus afectos, del lugar que ocupan en sus existencias. Celebro a estos pequeños artistas que hoy se lucen en esta exposición, pero celebro también de manera muy especial a su guía. La labor de Francisca Macpherson como profesora es realmente impresionante. Su creatividad, su profesionalismo, corazón y calidad humana son realmente únicos y creo, nuestros niños son muy afortunados de poder vivir una experiencia estética tan integral de su mano. Disfrutemos esta exposición y sintámonos orgullosos de la creatividad de nuestros niños. ¡Que viva el arte y que viva el Taller Mandarino!

María José Guallar Korn

Publicado originalmente en la Edición N°049 · páginas 10 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de