Igor Sánchez Bonifay: Cuando el terror se escribe desde la memoria, el territorio y la imaginación
Página 6 de la Edición N°050 — Foto: archivo Curacavíve
Igor Sánchez Bonifay
terror Cuando el
se escribe desde la memoria, el territorio y la imaginación
esde Curacaví, el ingeniero y escritor Igor Sánchez Bonifay presenta “Simples Cuentos de Terror”, su primer libro publicado: una antología de relatos que transita entre el terror psicológico, la ciencia ficción y la crítica social. Inspirado por lecturas de infancia, antiguas obsesiones radiales y el paisaje local, el autor construye un imaginario donde el miedo no es explícito, sino sugerido, íntimo y reflexivo.
Igor, cuéntanos sobre tu historia personal y cómo se cruza con la escritura. Nací y crecí en Santiago. Realicé mi educación básica en Saint Rose School y luego en el Sagrado Corazón de Santiago. Más adelante ingresé a la Universidad de Chile para estudiar Ingeniería Civil Electricista, una formación que, a primera vista, parece lejana al mundo literario, pero que con el tiempo he entendido como parte de una misma necesi-
dad de observación y estructura. Desde niño estuve rodeado de libros y relatos. Mi abuela, mi tía y mis padres fueron fundamentales en ese primer acercamiento a la lectura; ellos me leían cuentos y despertaron tempranamente mi curiosidad por las historias. En octavo básico, una tía —que era jueza— me regaló una máquina de escribir. Ella tenía una muy grande, profesional, y a mí me fascinaba. Comencé a escribir jugando, sin pretensiones, pero
CURACAVÍVE - REVISTA CULTURAL DE COLECCIÓN - FEBRERO 2026 / 07
“Hay al menos dos cuentos directamente vinculados a Curacaví: uno relacionado con una línea de transportes y otro con el cementerio...”
con entusiasmo. Lamentablemente, esos primeros textos se perdieron. Años más tarde, ya en la universidad y con acceso a un computador, retomé la escritura. También se extraviaron varios relatos, pero logré rescatar algunos que hoy forman parte de este primer libro, Simples cuentos de terror. Es, en cierto modo, una recopilación de distintas etapas de mi vida: textos escritos desde comienzos de los años noventa hasta relatos más recientes, fechados en torno a 2022. ¿Qué lugar ocupó la lectura en tu infancia? Un lugar central. En casa había una biblioteca y recuerdo que me leían El Quijote de la Mancha. No era una lectura sencilla para un niño, pero había pasajes que me marcaban, como el episodio de los molinos. En esa época, además, no existía internet ni una oferta tan amplia de televisión, por lo que los libros eran una verdadera ventana al mundo. Me atraían especialmente los relatos de aventuras, el terror y la ciencia ficción. Durante los veranos en El Tabo, mi padre elegía libros como Papelucho y fomentaba mi interés por la ciencia ficción. Yo quería escuchar a El Doctor Mortis en la radio, aunque a mi papá le preocupaba que me provocara pesadillas. Curiosamente, nunca me afectó. Quizás el origen del interés por el terror está ahí, o en alguna pesadilla antigua que ya no recuerdo con claridad. Hoy resides en Curacaví. ¿El territorio ha influido en tu escritura? Sin duda. Hay al menos dos cuentos directamente vinculados al lugar: uno relacionado con una línea de transportes y otro con el cementerio de Curacaví, que siempre me generó una sensación especial por
su ubicación a la entrada del pueblo. Llegamos a Curacaví en 2012 junto a mi familia. No queríamos volver a la ciudad y, además, existían antecedentes históricos familiares de los Bonifay Barberán en la zona. Con el tiempo, este entorno rural, su ritmo y su paisaje se fueron integrando de manera natural a mi imaginario narrativo. ¿Qué tipo de terror encontramos en Simples cuentos de terror? Es un terror más bien sugerido. Hay elementos psicológicos y sobrenaturales, pero también una crítica social velada y un cierto humor negro. Son ingredientes que reconozco en mi escritura y que aparecen de forma recurrente. Al haber escrito desde muy joven, hoy siento que existe un mayor dominio del oficio y una búsqueda más compleja en la construcción de los relatos. ¿Cómo nace un cuento en tu caso? A veces es pura inspiración. Siento que la historia llega y, si no la escribo, vuelve una y otra vez a mi memoria hasta que finalmente fluye. En otros casos, parto de una idea inicial que voy desarrollando de manera más consciente. Hay temas que me impactan y funcionan como semillas: se instalan, crecen lentamente y, en algún momento, se transforman en relato. ¿Qué buscas provocar en el lector? No me interesa el terror explícito ni grotesco. No escribo desde la crueldad ni el impacto fácil. Prefiero provocar una sensación, una inquietud, y ojalá una reflexión posterior. Que el miedo no esté en lo evidente, sino en lo que queda resonando.
La escritura parece ser también un legado familiar. Así es. Un abuelo que no alcancé a conocer, Luis Sánchez Cabezas, escribía bajo el seudónimo “Mala Cara”. Conservo un libro manuscrito de su autoría. Él colaboraba con El Mercurio y tenía una fuerte inclinación por la poesía. Me gustaría publicar un tercer libro que rescate algunos de sus textos, como una forma de diálogo entre generaciones. ¿Hay miedos contemporáneos en tu obra? Más que miedo, hay crítica. Las redes sociales y la tecnología aparecen como temas de fondo. En la ciencia ficción —que también puede tener tintes de terror— existe un hilo conductor claro. El tema extraterrestre, por ejemplo, es recurrente en la actualidad. A diferencia de Asimov, que no creía en vida extraterrestre, yo sí creo en la existencia de otros seres, y ese imaginario también se filtra en mis relatos. ¿Cómo proyectas tu camino literario? Estoy trabajando en un segundo libro y pienso en un tercero con un giro distinto. En 2006 desarrollé un blog con ensayos y reflexiones personales que me gustaría convertir en libro. Compatibilizar la escritura con el trabajo hace que el proceso sea más lento, pero la motivación sigue intacta. ¿Cómo organizas tus tiempos para escribir? Principalmente los fines de semana. En las mañanas me siento más creativo y, cuando el flow aparece, todo se vuelve muy natural. Participé en el taller Viaje a la Palabra, con Cristián Warnken, donde muchos escritores hablaban del miedo a la hoja en blanco. A mí aún no me ocurre, aunque confieso que existe el temor de que algún día pase. Tus palabras finales Agradezco sinceramente el espacio de la Revista Curacavíve, una publicación muy querida y seguida por amigos de la zona. Estamos siempre atentos a los artículos que se publican y es un honor formar parte de sus páginas.
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