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Cultura Edición N°053 · páginas 19 Público

Poesía - Vértigo a la humanidad / De cuando lo mortal parecía lo inverso / La vista desde la mitad del camino

Página 19 de la Edición N°053 — Foto: archivo Curacavíve

Vértigo a la humanidad

De cuando lo mortal parecía lo inverso

La razón huye con falsa identidad me entierro y elevo, muero y despierto, hundía en feroces desechos, en abismos observo:

Dime Cisternas de dónde nace esa capitulación por las letras Te conocí entre unas viejas y deshollejadas ventanas de una escuela rural entre bosques primarios, Vivías entre esas nubes carrasposas allá arriba, abajo un profesor dictaba sus monótonas clases ahora tienen nombres a cada déficit lo llaman atencional no estoy de acuerdo la atención estaba arriba más arriba urgeteando el universo entre esas pequeñas hormigas llamados cuerpos celestes, alimentaba las emociones y las vivía entre la Osa mayor y la menor lo mejor de la escuela era la vuelta entre cerros y caminos de curvas ellas me hablaban de libertad infinita y la fortuna de tener a mis pies aún el planeta en ese estado virgen. Y los amigos fueron cosechados entre parajes de olores a musgos entre árboles solitarios mezcládose entre declives y ríos azules de grandes panzas y de intestinos culebreros que por cierto nos devoraban con su mirada. Un día de esos de los últimos del mes de diciembre mi padre trajo un pavo que por cierto era enorme, venía con las patas atadas y su papada de colores fijos y saturados, su mirada engarfiada fijó a la mía lo sacaron del maletero para darle curso a la cena de año nuevo. y el animal agito sus alas y se le vio bajando el cerro con esa elegancia que le donó su estirpe anduvieron buscando la cena cerro abajo una tarde completa pero él buscó el camino de la libertad y la encontró! Recuerdas Cisternas tu llegada a la central Rapel la recuerdo cómo si fuera a la vuelta de unos contados tiempos que llaman por acá “pocos años “ un joven de unos siete años con una gorra echa de periódico usado, tenía la forma de un barco de papel, y en el cinto una espada de madera, su mirada nos siguió hasta que bajamos, a esa, la nueva casa entre cerros y árboles abanicando sus brazos nos dieron la bienvenida. Ciertamente el se agrupó entre las querencias que invaden la vida entera también entre esos juegos las piedras erán las que dirimian los conflictos ellas hablaban por nosotros y su lenguaje sacaba sangre , venía una buscando cabeza o torso de mi hermana menor y encontró destino , ahí salió el miedo como vencedor solitario el castigo sería para mí cómo hermano mayor. junte fuerzas y apreté cachetes la correa tenía hambre de nalgas. más de treinta años después volviendo a Chile en un peridico nacional una foto de un cura en Angola me llamó la atención era ese niño de gorra de periodico ahora llevaba gorra de clérigo volvía a su patria, y coincidimos en los tiempos de llegada después de andar un planeta de años. nos volvimos a ver y éramos los mismos,con los mismos sentimientos, si bien la vida nos envejece lo externo, el niño sigue guante adentro, ahí llegó la fuente de exculpar su culpa la piedra que salió de su mano fue la que cayó a mi hermana.

Danahe Larrañaga

Mis células: Rocas ígneas de volcanes escondidos, mis pies: Hojas caídas, balanceo perdido, mis venas: caudal de Ríos, sin mar, tampoco destino. Encarno esa decadencia, rendida ante la naturaleza.

La vista desde la mitad del camino Alison Tafel

Poema leído por Nicolás Díaz La brisa débil susurra nada, el agua grita sublime. Sus pies se mueven, se tambalea, respira hondo, retrocede, es hora. Los dedos de sus pies se separan del paso elevado y pronto se encuentra atrapado en el agua. Cierra los ojos con fuerza, pero se asoma para contemplar la vista en medio de la caída. Una suave brisa, un sol de verano, un río caudaloso y majestuoso. Una oleada de endorfinas placenteras trae una calma sin igual. Ahora que estás volando, ves las cosas mucho más claras que desde tierra. Todo está bien, o lo estaría si no estuvieras en medio de la caída. Luchar contra la gravedad, ¿qué podría frenar la caída? Daría lo que fuera por que mis dedos tocaran la parte de arriba, donde está la seguridad. Pero ya está, el hecho está consumado, el silencio ahoga el sonido. Antes de saltar, debería haber visto la vista en medio de la caída. Debería haber pensado en las vistas en medio de la caída. Ojalá hubiera sabido de las vistas en medio de la caída.

Hernán Cisternas

Publicado originalmente en la Edición N°053 · páginas 19 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de