La Cuerda / El Run - Run
Página 21 de la Edición N°053 — Foto: archivo Curacavíve
La Cuerda
Del libro inédito Juegos de Antaño por Víctor Carvajal Valenzuela Chascona, chascona, sostiene la soga bate, bate vuelta, vuelta, chascona, chascona vuelve y entra. Dos puntas muy fieras una cuerda muy suelta al ritmo ritmo que vuelve que vuelve se muere se mueve en uno, dos pies y al revés por tres, por puerta de entrada, salida de escape, calor y salada. Canta el aire, canta y silba las cuerdas vocales no están en su día chascona chascona cuán desabrida si no vas a tiempo, si no te encaminas, la pauta no es pauta sin pentagrama son flojas las notas que anotas, la cuerda es muy fina, tus piernas muy toscas. Culebrita en el pelo, culebrita en los pies cunita en el cuerpo, cunita después chocolate que bate bate el chocolate en la cocina la harina subiendo a la vez en la fuente el tomate bate bate, roja su piel chascona chascona no quieres perder no me trago esta pera tan dura mejor salto y salto en la acera, la duna.
Reclusa reclusa, tu propia figura no hay hierros, candados, no hay más salida tu corto paseo se acaba, se anula ventanas, postigos, adobes, ladrillos se abren se parten en dos la moldura brinca si puedes, brinca y brinca ahora antes que nunca salta el mescate, la suiza, la comba. Rojas las blondas de tu vestido te has puesto roja por el esfuerzo las flores de seda que adornan el lino florecen y crecen en todos tus brincos trenzadas las trenzas de tu cabello pasa el tiempo como un suspiro de mañana, la mañana vendrá muy luego tarde muy tarde echo de menos el juego. Sacude al enfermo, despierta a los muertos. Hipócrates dice, diagnostica y receta, si entiendes su letra y su fundamento verás que es muy bueno saltar a la cuerda lo dijo mi padre, el doctor y mi abuelo, chascona, chascona, por lo que más quieras perderlo no es sano, recetable ni bueno ahora y por siempre incluso aunque mueras.
El Run - Run
Del libro inédito Juegos de Antaño por Víctor Carvajal Valenzuela La traba y el trabador. Tiras de cuero, trocito de pedernal. El botón. El ojal. El botón, tira de cuero largo hizo girar el run-run sin cesar. El botón, el ojal, cerraron y abrieron las prendas de vestir. El run-run giró y giró sin parar. Cortó el cuero que ataba el botón y liberó la traba del ojal. El run-run giró y giró sin parar. Partió el hilo en dos, en dos se deshiló.
El run-run perfiló el borde de las olas, abrió canales en el mar y navegaron los barcos. Run-runeó como abejorro. Ron-roneó como polilla. Rin-rineó como jilguero. Ren-reneó cual mariposa. Ran-raneó el sapo en el charco. Cortó la leche. Nació el queso. Adormeció a la gallina. Nació el huevo. Calmó el suspiro de los niños. Moderó el bostezo de los dormidos. Espantó pesadillas. Rebanó el pan en la mesa del panadero.
Cortó el aire. Nació el viento. Tronchó la nube sobre la lluvia.
Detuvo el trueno de la tormenta, compuso el pentagrama del aire. Nació la música en el oído. Abrió los pétalos de las flores, afiló el borde de las verdes hojas.
Separó el horizonte del día, trozó la hora en sesenta agujitas locas que no cesan de girar.
Recortó las letras en las sombras, talló el contorno de las palabras. Taló en cuatro la pulpa del árbol. Nacieron los libros.
Separó el sol de la luna. Trozó el contorno de las nubes y afiló las gotas de la lluvia.
Separó en dos la tierra. Nació el camino. Separó en cien el sembrado y pasó el arado.
Abrió los ojales del espacio. Cortó la noche, limó el filo de los astros. Pulió el perfil de las montañas y dibujó sus rostros en el cielo. Quebró la roca. Nacieron los volcanes y el brote de las aguas; nació la suavidad de los valles y la morada de los bosques.
Rasuró, como un descanso, las barbas de Dios. Nacieron los cabellos del infinito.