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Cultura Edición N°013 · páginas 3 Público

De Valle Encantado de Ivacaruc al Hermoso Valle de Curacaví

Página 3 de la Edición N°013 — Foto: archivo Curacavíve

o sé cuánto tiempo pasó sin encontrarme con doña Custodia. Por Luis, el chofer, supe que ya no viajaba en los horarios acostumbrados, por lo que había perdido la esperanza de verla nuevamente. Ya estábamos terminando el verano y OOOHHH, ahí estaba con sus ojitos risueños y guardándome el asiento junto a ella. Luego de un intercambio de saludos, ella me dice: “Este es mi último viaje y quiero contarle el final de esta historia”, y sin perder tiempo... “La Bruja desesperada, no sabía cómo atraer a todos los habitantes que poblarían Ivacaruc, de no hacerlo pronto, la Princesa obtendría lo que buscaba, que Ivac y Aruc nunca estuvieran juntos. Decidió llamar a los Soberanos de los Reinos aledaños, ellos la ayudarían. Cuando todos estaban reunidos, el Soberano del Reino de los Frutos tuvo una brillante idea, “Hagamos una gran Fiesta” enviamos la invitación a través del Viento, así llegará al oído de todos los habitantes flechados por Cupido. …. Así lo hicieron y a comienzos del Otoño, el valle se inundó de Música y alegría, llegaban por doquier los habitantes que poblarían cada rincón de Ivacaruc. La Bruja corazón de Chocolate hizo muchísimos pasteles, blancos como la nieve, repartiéndolos a toda persona que, incrédula, se asomaba tras las colinas, ya en esa época la Dicha estaría lista, “que es la Dicha pregunté”, el Elixir mágico, así lo bautizaron ya que, una vez que lo prueban las

personas se ponen dichosas, “me contestó doña Custodia”. Lo que nadie consideró es que a la Princesa, también le llegaría la invitación a través del viento. Al enterarse, fue tal su furia que bajó del Reino de los Altos y los Vientos, decidida a arruinar la Fiesta con lo que impediría que los nuevos habitantes se quedaran, y el Amor de Ivac y Aruc se acabaría para siempre. Llegó al centro del Valle, donde tenían la Dicha guardada en unas gigantescas tinajas y se escondió en una de ellas… durante la fiesta la abrirían y ella acabaría con la Felicidad de la pareja. Lo que no sabía, es que estaba siendo observada por uno de los habitantes recién llegados, antes era una hermosa paloma torcaza , corrió donde la bruja a contarle lo que había visto e indicarle cual era la tinaja. La Bruja entonces la selló, dejando atrapada a la Princesa... Esta tinaja está escondida en algún lugar del Valle, y nunca jamás debe ser abierta para no liberar a la Celosa Princesa, “Doña Custodia pregunté, y quién vigila esta tinaja… en eso… me doy cuenta de algo… Clarooo es Doña Custodia la guardiana …..Me miró, sonrió con sus ojitos brillantes…”Si, me contestó”, soy la guardiana , pero no estoy sola, los Dicheros de Ivacaruc me acompañan en esta tarea, y mientras los descendientes de los primeros habitantes de Ivacaruc sigan siendo amantes de Sol y Luna Llena, agradecidos de los obsequios de Baco, cultivadores de

la Amistad y la Buena Mesa, Amantes de la Naturaleza, del olor a tierra mojada, de la belleza de las flores, del sabor de los frutos, del golpear de los cascos, de las tertulias al calor del fuego... La Princesa no podrá salir de la Tinaja escondida. “Doña Custodia, y como usted ha logrado que el Valle siga así”, bueno, todos los años, junto a los Dicheros y a los Amantes de los Cascos, me encargo que se Reviva la Fiesta de la Dicha, bueno, hoy le llaman Chicha, y los pasteles blancos de la Bruja siguen siendo los anfitriones de la Fiesta, y los nuevos habitantes se lucen montando a sus briosos corceles… Pero déjeme terminar, me dijo… Ivac y Aruc estaban Felices, la Fiesta logró el objetivo y el Valle se llenó de alegría. Se miraron a los ojos, y se abrazaron tan fuerte que nadie los pudo separar. Hoy, para proteger el Valle, modificaron su nombre a Curacaví, los dicheros hoy se llaman Chicheros, y guardan el secreto celosamente, del lugar donde se encuentra la Vasija de la Princesa. Si se para en Challaco se ven los brazos de ambos enamorados protegiendo al Valle, al Fondo, el Gran Mauco de Vinilla Vigilante y a nuestros pies, las huellas del Impetuoso y dormido Pangue… En eso, escucho el llamado…. “Plazaaa”… y le pido a doña Custodia que me diga quién era la Princesa… pero ya se despedía con sus dulces ojitos… Algún día… Algún día…

Curacavíve

Publicado originalmente en la Edición N°013 · páginas 3 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de