La reutilización como forma de expresión
Página 7 de la Edición N°015 — Foto: archivo Curacavíve
La reutilización como forma de expresión Patricio Mario Salinas Díaz, 69 años, nace en la comuna de San Miguel en Santiago, sector de Salesianos. Hijo de Luis Alberto Salinas Delpiano y Elba Díaz Paredes. Es el mayor más tres hermanas. En Curacaví ha encontrado su paz, tranquilidad e inspiración para crear.
Me casé en Arica con María Isabel Newman Flores en el año 1973, teníamos 22 años de edad. Yo estudiaba en la Universidad de Tarapacá y era profesor de Inacap. Llevamos casi 50 años juntos, tenemos dos hijos: Patricio, Carlos y una nieta. Trato de mantenerme siempre activo en la escultura a través de encuentros, por ejemplo, el año pasado estuve en Quillota, Internacional de Valdivia, luego Castro y Huilo Huilo. Son experiencias muy interesantes junto a otros escultores y generosos artesanos. El que entrega siempre recibe multiplicado. ¿Dónde estudiaste la primaria y secundaria? Estudié mi enseñanza primaria y secundaria en un colegio público, después me enviaron a la Escuela Industrial San Miguel, ahí aprendí mucho: mueblería, mecánica de banco, soldadura, hojalatería que fue como la base para que después me interesara por la escultura. De todas las especialidades, la que más me gustó fue Electricidad, los veía a todos con delantales blancos y me fui a Estudiar a la Escuela de Electrotécnia y me titulé. Paralelamente yo trabajaba armando equipos electrónicos. Luego ingresé a trabajar haciendo clases en INACAP, donde se instruía a realizar los trabajos de manera perfecta. Recuerdo con admiración a un excelente profesor que tuve en la Escuela Electrotécnia que tenía un taller en Vicuña Mackenna en Santiago, lo recuerdo como un sabio loco, una especie de Einstein, él nos enseñó a armar radios completas. Recuerdo haber hecho las primeras radios con sintonizador FM a tubos, con licencia alemana GOLDFUNK de Jorge Ibarra Moore, con carcaza de madera y frontis de vidrio y sus perillas. Como yo era jefe de taller tuve que llevar a compañeros de curso de electrónica y pasé a ser supervisor, fue una experiencia fantástica. Después de entrar a INACAP pasé por todos los talleres: mecánica automotriz, mecánica diesel, tornos, etc., tenía 19 años, allí aprendí de todo. Mi vocación poco a poco se fue dando, me di cuenta que tenía la habilidad, así es que seguí adelante formando alumnos para el armado de equipos electrónicos en Arica. Recuerdo que me tocó un curso 30 personas que tenían más experiencia que yo, de hecho eran mayores, ellos sabían mucho pero no tenían su título. Con ellos pude aprender mucho más también. Tenían la práctica pero no tenían el método didáctico. Resultó finalmente todo muy bien. En Arica me llegaban muchas marcas para el servicio técnico, y tenía cinco empleados a mi cargo, logré tantos clientes que colapsé por el alto estrés y tuve que ir a un psiquiatra el que sugiere hacer una actividad diferente, aunque fuera una vez a la semana. Un día que fui a dejar a mis hijos a la universidad para un curso de computación básica, me dí cuenta que había un taller de metales con Edith Soza, que fue mi gran maestra. Fue así que comencé a fabricar anillitos, colgantes, aros, esta area de la orfebrería y joyería me encantó. Luego trabajé en repujado y cincelado en metal y lo que debía ser una hora a la semana se transformó en un