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galeria Edición N°019 · páginas 22, 23 Público

(sin título — página 22)

Página 22 de la Edición N°019 — Foto: archivo Curacavíve

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una paloma. Para confirmar esta aseveración se dice que existen los ropajes con que se le vestía, algunos son del siglo pasado y estos no medirían mas de 20 centímetros. Existen varias leyendas que dicen relación con el origen del culto, por lo que invitamos a los interesados a buscar en internet para conocer más al respecto. Si bien el origen del santuario se pierde en la nebulosa del tiempo, se supone que este tradicional lugar de devoción popular tendría casi doscientos años. Algunas versiones señalan que en 1700 ya había santuario, lo cierto es que desde 1840 ya existen referencias oficiales. La iglesia data de 1910. Ya en la Iglesia, aprovecho el momento de observar a los asistentes, y no obstante que no soy creyente, me emociona ver la devoción con la que las personas que bailan y asisten se presentan ante la Chinita, como se la llama cariñosamente. A un costado, una pequeña puerta permite el acceso de quienes quie-

ren pasar frente a la virgen y bendecir algún artículo llevado por ellos o imagen religiosa comprada a la entrada del pueblo. La fila no es corta y los tiempos de espera en ese momento era de aproximadamente una hora bajo el ya intenso sol. Justo al medio día se realiza una ceremonia que da inicio a las actividades de la fiesta chica, con la participación de todas las agrupaciones y asistentes. Parte con una bendición a cargo del padre, canto del himno nacional y palabras del Alférez. Llega el momento del camino de retorno cerca de las 14 hrs, mentalizándonos de los 15 km que nos separan del estacionamiento. El objetivo es llegar antes del anochecer. Descansé una vez más por Humagata, siempre con gran número de personas descansando, ya sea en el camino de subida o bajada. Ya en el sector denominado bajos de Humagata decido esta vez realizar el camino de retorno a través del borde del río. Como un recordatorio que todo en la vida para lograr un objetivo debe ser hecho con sacrificio, recorro varios kilómetros sorteando las piedras de río y cruzando estrechos puentes de madera. La luz de atardecer nos deleita pintando de hermosos colores los escarpados murallones. A toda hora se mantiene el incesante ir y venir de gente, algunos con sus hijos pequeños en brazos, gente adulto mayor, jóve-

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“Si bien el origen del santuario se pierde en la nebulosa del tiempo, se supone que este tradicional lugar de devoción popular tendría casi doscientos años”

nes, niños con sus padres de todas las condiciones físicas. Sin duda, este tipo de festividades religiosas enriquece el acervo cultural de nuestro país, transmitiéndose de generación en generación. Esta peregrinación parece llevarte a un lugar fuera de este tiempo y que por su belleza vale la pena conocer alguna vez en la vida. Es un lugar lleno de magia y de fe.

Curacavíve

Publicado originalmente en la Edición N°019 · páginas 22–23 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de