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Opinión Edición N°055 · páginas 2 Público

Sentidos de Educación - ¿Neurodivergencia o Neurodiversidad?

Página 2 de la Edición N°055 — Foto: archivo Curacavíve

02 / CURACAVÍVE - REVISTA CULTURAL DE COLECCIÓN - SEPTIEMBRE 2026

CURACAVÍVE es un medio de comunicación cultural independiente que tiene como misión: 1. FOMENTAR el desarrollo de nuestra identidad cultural. 2. DOCUMENTAR las expresiones de Vida, Cultura y Diversidad de nuestra región y del país. 3. APORTAR al desarrollo personal, a la convivencia familiar y social de nuestra comunidad. 4. INCENTIVAR, PROMOVER y DIVULGAR actividades culturales, sociales, deportivas, educativas y comerciales. 5. ACERCAR a emprendedores y empresarios a su público objetivo, a fin de fomentar el desarrollo sostenible de los bienes y/o servicios que ofrecen a través de nuestra asesoría en diseño gráfico, publicidad, fotografía y redes sociales. Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente, el pensamiento de Curacavíve.

Edición N°055, sept. 2026 Diseñada y Producida por: Editorial Antequiles Eirl Director: Nibaldo Guerra Figueroa Contacto: +569 9668 1498 revista@curacavive.cl www.curacavive.cl Colaboran: Yoliet Lombida Prieto / Columnista María José Guallar K. / Columnista Julián Gutiérrez / Columnista Lary Rahimava / Columnista Fernando Court / Marketing

Sentidos de Educación

¿Neurodivergencia o Neurodiversidad?

Durante décadas, la educación y la salud han intentado aprehender la amplia pluralidad de la mente humana a través de nomenclaturas y categorías clínicas. El término neurodivergencia ha surgido para visibilizar trayectorias del desarrollo que se distancian de la norma estadística, cumpliendo una función de reconocimiento e identificación de apoyos específicos. Sin embargo, cuando observamos el fenómeno con mayor profundidad, la separación entre “lo típico” y “lo divergente” revela sus limitaciones. Al calificar una condición como divergente, seguimos sosteniendo de forma implícita una mirada hegemónica: una norma arbitraria que define qué modo de percibir y habitar la realidad es el “correcto”. El verdadero cambio de paradigma no consiste en gestionar diagnósticos, sino en comprender que la mente no opera desde un molde único, sino desde una condición biológica y humana constitutivamente plural, o sea, naturalmente diversa. En el ámbito educativo, esta distinción deja de ser un debate académico para convertirse en una postura ética. Las estructuras convencionales o tradicionales suelen estar diseñadas bajo la expectativa de un perfil cognitivo homogéneo; así, las respuestas sensoriales singulares, el pensamiento intuitivo, las altas capacidades o las formas no convencionales de focalizar la atención son leídos usualmente como desajustes a corregir. Una mirada centrada en la dignidad del ser nos invita a desplazar el foco desde la supuesta “carencia” del estudiante hacia la calidad del entorno. La dificultad raras veces reside en la arquitectura mental del niño o la niña, sino en la rigidez de los espacios que pretenden acogerlo. La inclusión genuina no es adaptar a niños y niñas para que encajen en un estándar ni imponer techos a su desarrollo, sino preparar ambientes vivos, respetuosos y flexibles donde cada ser pueda desplegar su potencial en bienestar. Si ampliamos esta reflexión hacia una dimensión global, la neurodiversidad cobra una potencia ecológica ineludible. Del mismo modo que la biodiversidad es la condición indispensable para la resiliencia y el equilibrio de los ecosistemas naturales, la diversidad de mentes es la riqueza fundamental para la evolución del pensamiento colectivo. Las diferentes formas de procesar la experiencia sensorial, de comunicar, de razonar y de crear no son anomalías que la sociedad deba tolerar con condescendencia; son las manifestaciones que enriquecen la cultura, el conocimiento y la convivencia. Entender la neurodiversidad como un hecho originario nos exige dejar de mirar a la infancia desde la métrica del déficit para empezar a reconocer la belleza de su complejidad. Frente a las transformaciones sociales que atraviesa el mundo contemporáneo, la pregunta urgente no es cómo adaptamos a las personas a un modelo rígido, sino qué tipo de cultura estamos construyendo cuando intentamos homogeneizar la vida. Superar el enfoque del aislamiento clínico para abrazar la neurodiversidad como un principio de existencia compartida, implica abandonar el afán de normalizar y asumir el compromiso de acompañar. Es momento de construir una sociedad donde la diferencia no sea percibida como una grieta en la regla, sino como la expresión más viva y natural de la condición humana.

Por: YOLIET LOMBIDA PRIETO Asesora pedagógica y guía Montessori Fundadora Escuela Lombida Montessori

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Publicado originalmente en la Edición N°055 · páginas 2 del ejemplar impreso.
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