Omar Lara (En la memoria de Chile)
Página 14 de la Edición N°047 — Foto: archivo Curacavíve
(EN LA MEMORIA DE CHILE) en Valdivia y al exilio vivido en Perú, lugar donde llegó en 1974, antes de arribar a Rumania, país que lo acogiera por casi una década. Por esto, tal vez, se trata de una obra que da cuenta del momento más directo y “realista” de la escritura de este gran poeta.
l poeta chileno Omar Lara (1941-1921) tiene un lugar destacado en el panorama y la memoria de la poesía chilena. Esto tanto por producir una de las obras más relevante de su generación, la de los sesenta, como por ser protagonista, en su rol como aglutinador y difusor de la poesía, de la fundación del Grupo de Poesía Trilce y de la legendaria revista del mismo nombre. Recordemos que la revista Trilce se extendió a lo largo de tres épocas (1964-1973, 19811983 y 1996- ¿?) y que durante su gloriosa primera etapa transformó a Valdivia en el epicentro de dos Encuentros Nacionales de la Joven Poesía Chilena: uno en 1965, el otro en el año 1967. Como muy bien señala Niall Binns, los primeros libros de Omar Lara –Argumento del día (1964), Los enemigos (1967), Los buenos días (1972) y Serpientes (1974)– se asemejan a los de sus compañeros de generación en la brevedad, la autorreflexividad, la desconfianza ante cualquier aspiración a la trascendencia y el tono asiduamente impersonal e irónico: “En ellos surge, sin embargo, el mundo propio del autor, un mundo hostil y fragmentario, poblado de sombras amenazadoras, de mujeres feroces y de objetos impenetrables que atemorizan al yo, reduciéndolo a un estado de enajenación desamparada, de resignación e impotencia, convirtiéndolo en una “sombra
irrisoria”, una “enmohecida puerta”, un “ahogado” y un “náufrago”. Como se sabe, la experiencia del golpe militar de Augusto Pinochet significó un descalabro total tanto para la sociedad como para la cultura y, por lo tanto, para la poesía chilena. Omar Lara, como muchos de sus compañeros (Millán, Nómez, entre otros), tuvo que exiliarse de su país, y la que se había ido denominando la “generación del 60” sería renombrada como “generación dispersa”. Sin embrago, a pesar del golpe y de la cárcel y de los largos e itinerantes años de su exilio, Binns destaca: “las obsesiones centrales de la obra de Lara permanecerían intactas, aunque evolucionaran inevitablemente bajo el impacto de las circunstancias. Las sombras hostiles de sus primeros poemarios se cargan ahora con la violencia perpetrada por los golpistas; el temor existencial y la pasividad del sujeto anterior se convierten en miedos a veces muy concretos y “reales” y en la experiencia físicamente inmovilizadora y atroz de la cárcel”. Un libro clave de esta etapa es Oh buenas maneras (1975): que es el quinto libro de Omar Lara. A través de sus cinco secciones, este poemario, que obtuvo el prestigioso Premio Casa de las Américas en 1975, da cuenta de la época inmediatamente posterior al golpe de Estado. De ahí que contenga textos que refieren al encarcelamiento vivido por el poeta
En este libro confluyen diversos estilos, atravesados por una ironía marcada desde el título, que es un cuestionamiento directo a la naturaleza simulada o artificiosa de las relaciones humanas. Aquí, la voz central transcurre en el propósito de desnudar la verdad oculta en el corazón de la sociedad y de quienes la componen, dejando en evidencia nuestra complicidad con la mentira y la propia miseria. En sus páginas, se puede percibir ese humano dolor existencial, tan común, pero que aquí se ve acrecentado por la tortura, la muerte y el exilio sufrido por el autor. La llamada “noche guadañosa” parece despertar en el hablante
toda su indignación y una suerte de dolor compartido que le da fuerzas para enfrentar los “golpes” y resistir en la nostalgia de “reencontrase con lo que pudo ser”, aun cuando este sueño no sea más que: “(una) ingenua obsesión de caminar y tropezar…”. Es la hora en que alguien piensa en un crimen (corre cortinas, cambia muebles de lugar) el habitante se repliega en sus habitaciones seguro de su pericia para sobrevivir.