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Comunidad Edición N°051 · páginas 8, 9, 10, 11, 12, 13 Público

Tejiendo Mi Ser

Página 8 de la Edición N°051 — Foto: archivo Curacavíve

Tejiendo Mi Ser Donde el cuidado, la memoria y la creación se entrelazan

n silencio, muchas cuidadoras sostienen la vida de otros entre exigencias, afecto y soledad. De ese contexto nace “Tejiendo Mi Ser”, un taller que se transformó en un espacio de encuentro y apoyo. Lo que comenzó como aprendizaje en telar, se convirtió en una red afectiva entre mujeres. Aquí, tejer es más que técnica: es un lenguaje para compartir, acompañarse y sostener la vida.

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En la fotografía: Sofía Arias Morales Lorena Morales Oyanedel Aurora Escobar Gallardo Rosa Ampuero Silva Loreto Fernández Adriana Tapia Rojas Yasna Zelada Saavedra

Loreto Fernández - Fundadora del taller. Loreto nos cuenta cómo nació la iniciativa “Tejiendo Mi Ser”. Nació casi sin querer queriendo. Yo estaba buscando una forma de ayudar en la Fundación Elizabeth Kübler-Ross Chile, y se me ocurrió que tal vez podíamos organizar algo que involucrara a varias personas y que las ayudara a salir un poco de la soledad y del aislamiento que muchas veces implica el rol de cuidador. Entonces pensé en el telar, que es algo que a mí me gusta, aunque en realidad no lo conocía mucho. Fui aprendiendo en el camino, y así partimos. Se invitó a participar, y nueve personas aceptaron este desafío. De esto ya han pasado tres años, y el grupo sigue aquí, súper fortalecido. Han logrado tejer redes, acompañarse y formar amistades increíbles. Estoy muy contenta, porque en el fondo se logró lo que yo

quería, aunque nunca pensé que iba a resultar tan bien, con tantos logros. ¿Este ha sido tu primer taller? Sí, fue mi primer taller, y ahora estamos esperando poder realizar un segundo. Estamos en proceso de convocatoria y organizándonos, tanto como cuidadoras como voluntarias, para poder llevarlo a cabo. ¿Has visto cambios positivos en sus integrantes? Sí, absolutamente. Este taller comenzó de forma online, lo que al principio fue un poco caótico, porque yo no tenía mucha experiencia grabando ni enseñando de esa manera. Pero pronto nos dimos cuenta de que era necesario vernos en persona, así que empezamos a alternar entre clases online y presenciales. Recuerdo perfectamente la primera clase presencial, que fue aquí mismo, y fue algo maravilloso.

Al principio, muchas no habían tomado nunca un telar, así que estaban llenas de preguntas. Pero desde el primer momento lo hicieron suyo. Son muy estudiosas: llegan, se enfocan, trabajan, aunque también conversan y comparten. Siempre han sido muy organizadas y cuidadosas con su espacio de creación. Se dan momentos para conversar, pero siempre con el trabajo al lado. Con el tiempo fueron avanzando clase a clase, aprendiendo distintas técnicas, y han logrado cosas realmente maravillosas. Tienen mucha creatividad, muy buen manejo del color y una intuición muy especial para elegir lanas y algodones. Aurora Escobar – Integrante de “Tejiendo Mi Ser” Aurora, ¿qué sentiste cuando ingresaste a este grupo? La verdad es que entré sin mucho entusiasmo. Todo lo que tenía que ver con tejido no me

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“Esto no es solo un taller, es un lugar donde una se da cuenta de que no está sola”

llamaba la atención, porque yo soy más de hacer manualidades con las manos, otro tipo de cosas. Pero igual dije: “ya, voy a probar”. Pensé que al menos me serviría para tener contacto con otras personas. Cuando llegué y me hablaron de telar, yo veía unos palitos y no entendía nada, no tenía idea de cómo funcionaba. Con el tiempo, las cosas se fueron dando poco a poco. Me fui enamorando de la técnica. Soy bien ansiosa, entonces cuando empiezo algo, necesito terminarlo, y eso me ayudó a seguir, a pesar de las dificultades. ¿Tuviste dificultades al comienzo? Sí, sobre todo por la modalidad online al inicio. Yo vivo en un sector rural, y a veces la comunicación no es buena. Pero eso no fue un impedimento para seguir. Después empezamos a juntarnos, y ahí todo mejoró. Entre nosotras mismas y con la profesora,

íbamos resolviendo dudas. Si no alcanzábamos a entender algo, lo veíamos en la siguiente clase. Así fue naciendo este gusto por el telar. ¿Y qué pasó con el grupo en ese proceso? Se fue formando algo muy bonito. Terminamos siendo un grupo de amigas, sin conocernos de antes. Hoy nos juntamos todas las semanas. Seguimos aprendiendo técnicas de tejido, pero también otras cosas, como cestería. Nos organizamos de forma espontánea, no es algo tan estructurado, pero resulta muy bien. Estos encuentros nos permiten conversar, compartir cosas personales, hablar de nuestras vidas y de nuestras familias. Porque una, como cuidadora, muchas veces siente que está sola. ¿Eso cambió para ti? Sí, completamente. Cuando yo entré al taller, sentía que estaba sola como cuidadora.

Pero al conocer a las demás, me di cuenta de que no era así. Incluso había compañeras con situaciones mucho más complejas que la mía. El taller me ayudó muchísimo. Ahora espero con ganas el día en que nos juntamos. Compartimos, tomamos once, conversamos. A veces ni siquiera tejemos, es puro apoyo entre nosotras. Si alguna está mal, como también me ha pasado a mí, las demás están ahí, te levantan el ánimo. La profesora también es parte de esto: ya no es solo profesora, es parte del grupo de amigas. ¿Qué te gustaría para el futuro del grupo? Me gustaría formar una agrupación formal. Que esto creciera, pero sin perder lo que somos. Porque esto nos permite estar presentes en nuestras casas, seguir con nuestras responsabilidades, pero también crear, compartir y acompañarnos. Aunque algunas personas ya

no están en el grupo, seguimos manteniendo la amistad. Eso es muy valioso. ¿Siguen reuniéndose actualmente? Sí, aunque ha cambiado un poco. En mi caso, por ejemplo, no siempre puedo salir porque no tengo redes de apoyo para dejar a mi mamá. Pero el grupo es tan unido que ahora ellas vienen a mi casa. Todos los miércoles se juntan aquí, para que yo también pueda seguir participando. Eso habla de lo fuerte que es este vínculo. ¿En general, cómo te sientes hoy con esta experiencia? Muy feliz, de verdad. Súper contenta y agradecida. La fundación fue la que hizo posible todo esto, y gracias a eso hoy tengo estas amigas. En lo personal, siento que llegaron a mi vida por algo, y eso ha sido muy bonito.

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Lorena Morales – Integrante de “Tejiendo Mi Ser” Lorena, cuéntanos qué ha significado para ti integrar este grupo. Este grupo llegó en un momento muy importante para mí. Yo estaba dedicada al cuidado y no podía salir ni trabajar, aunque antes sí lo hacía. Entonces apareció en el momento justo, porque nos enseñaron que podíamos hacer algo más que solo ser cuidadoras. Nos hicieron ver que teníamos creatividad, que podíamos crear con nuestras manos, pero que necesitábamos ese apoyo, alguien que nos dijera: “sí, ustedes pueden”. Además, se adaptaba a nuestra realidad, porque podíamos hacerlo incluso estando en casa. ¿Cómo fue para ti organizar los tiempos entre el cuidado y el taller? En ese tiempo, mi hija también estaba en modalidad online, así que cuando yo salía al taller,

ella se quedaba cuidando a mis papás. Tengo dos hijas, y entre ellas me ayudaban para que yo pudiera asistir. Después, además, nos fuimos organizando entre el grupo, y a veces el taller se hacía en mi casa, lo que facilitaba mucho más todo. Así, poco a poco, lo fuimos logrando. ¿Tenías experiencia previa con el telar? No, no tenía experiencia. Sabía que existía, que se tejía, pero nunca había trabajado en telar. ¿Qué fue lo que más te motivó a integrar el grupo? Me motivó probar, ver si era capaz de aprender algo nuevo. Quería darme la oportunidad, y finalmente me gustó mucho. También era necesario para mí salir un poco del mundo en el que estaba, porque estaba completamente enfocada en el cuidado. Esto me permitió conocer gente, hacer amistades y tener un espacio propio.

¿Hay alguna técnica que te guste más? Sí, el crochet me gusta mucho, se me hace más fácil. He hecho varias cosas en crochet, aunque también trabajo en telar. ¿Han pensado en comercializar sus productos? Sí, nos gustaría. La idea es poder vender y darnos a conocer más. Estamos pensando en crear algo como grupo, una página o espacio donde podamos mostrar nuestros trabajos. No tanto de forma individual, sino como colectivo. Sabemos que vamos a necesitar asesoría, pero creemos que hay gente que nos puede ayudar en eso. Yasna Zelada – Integrante de “Tejiendo Mi Ser” Yasna, ¿qué ha significado para ti ser parte de este grupo? Para mí, este proceso empezó incluso antes del taller, en unas reuniones en el municipio. Ahí comencé a vincularme con otras

personas, a salir un poco de mi rutina. Yo soy cuidadora de mi mamá desde hace mucho tiempo, entonces mi vida estaba muy centrada en eso. Por eso, cuando apareció la posibilidad de participar en algo como esto, fue muy importante. Después incluso fueron a mi casa, y desde ahí surgió la opción de integrarme a un espacio de manualidades. Para mí fue algo extraordinario, porque no sabía si iba a poder, pero sentí que era una oportunidad. ¿Cómo hacías para coordinar el cuidado con las reuniones? Cuando podía salir, mi papá se quedaba cuidando. No siempre era fácil, porque como cuidadora cuesta mucho dejar la casa, pero hacía el esfuerzo. A veces también nos organizábamos entre compañeras, y eso ayudaba mucho. Igual es difícil, pero vale la pena. Quiero seguir participando. Para mí, el día miércoles es sagrado.

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Hermosos trabajos que entrelazan amor, dedicación y resiliencia en cada hilo De verdad lo espero. Aunque pasen cosas en la casa, uno trata de hacerse el espacio, porque esto hace bien. Estoy muy agradecida de la profesora, que es acogedora, cariñosa, y también del grupo que formamos. ¿Cómo describirías la relación que se generó entre ustedes? Se formó algo muy bonito. Nos hicimos amigas de verdad. Compartimos cosas personales, nos escuchamos, nos apoyamos. Al principio nos juntábamos en distintos lugares, después empezamos a turnarnos en las casas. Pasamos momentos muy lindos: conversar, tejer, incluso salir a comprar algo para compartir. Son cosas simples, pero muy significativas. De verdad han pasado cosas muy bonitas en este grupo. ¿Cómo te sientes hoy con esta experiencia? Muy agradecida. Siento que esto me abrió a otras cosas, a otras posibilidades. También me gustaría seguir

aprendiendo más técnicas, seguir creciendo en esto. A pesar de las dificultades, vale completamente la pena. ¿Quieres agregar algo más? Solo dar las gracias. Porque esto no es solo un taller, es un espacio donde una se da cuenta de que no está sola, que todas estamos pasando por cosas distintas, pero que podemos apoyarnos. Y eso es muy valioso. Rosita Ampuero – Integrante de “Tejiendo Mi Ser” Rosita, cuéntanos sobre tu experiencia en el grupo. Yo recibí la invitación al taller como algo muy especial. Cuando supe que se iba a realizar, mi mamá ya había fallecido. La señora Soledad, que es voluntaria de la fundación y que antes visitaba a mi mamá, fue quien me comentó. Yo pensé que ya no podía participar, porque en ese momento ya no era cuidadora, y eso me dio mucha pena. Pero ella hizo las consultas, y finalmente fui muy bien acogida.

Me recibieron igual, y eso para mí fue muy importante. Lo tomé como un desafío, porque en realidad nunca he tenido mucha habilidad para las manualidades. Siempre lo intentaba, pero no me resultaba mucho. ¿Y cómo fue ese proceso para ti? Fue muy bonito. Loreto siempre nos apoyaba mucho, nos motivaba, estaba pendiente de los materiales, de que no nos faltara nada. Yo me sentí muy acogida desde el principio. Para mí, participar en el taller fue algo terapéutico. Estaba viviendo mi duelo, y de alguna forma esto me permitió seguir vinculada, sentir que todavía era parte de algo. ¿Se generó un espacio de apoyo entre ustedes? Sí, completamente. Al principio compartíamos experiencias como cuidadoras: cómo lo hacías tú, qué te servía en ciertas situaciones. Y después eso fue creciendo, se volvió más íntimo. Se transformó en una amistad. Hoy

en día somos un grupo muy cercano. ¿Tenías experiencia previa con el tejido? No, nada. Nunca había tejido, ni siquiera con palillos. Pero fui aprendiendo, y eso también fue parte del proceso. ¿Te gustaría seguir desarrollando estas habilidades? Sí, me gustaría seguir aprendiendo, descubrir más cosas. Porque aunque al principio me costaba, con el tiempo fui avanzando y eso también da mucha satisfacción. ¿Algo más que quieras agregar? Solo agradecer. Porque esto llegó en un momento muy importante para mí, y fue una ayuda muy grande. Adriana Tapia – Integrante de “Tejiendo Mi Ser” Adriana, cuéntanos tu experiencia al integrarte a este grupo? Yo llegué en un momento bien

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Aquí, el tejido es el punto de encuentro, pero lo que realmente se construye son vínculos. Se comparten historias, se alivian cargas, se celebran los logros.

especial. Estaba cuidando a mi papá, que estaba postrado. Recuerdo que en una consulta con mi psicóloga, ella me habló de este taller de telar. Y cuando me lo mencionó, le brillaron los ojos… y a mí también. Porque desde chica me ha gustado tejer. Aprendí a tejer a palillo y después, con el tiempo, crochet por mi cuenta. Entonces, cuando supe del taller, me entusiasmé mucho. ¿Y cómo fue ese proceso dentro del grupo? Fue muy bonito. Desde el principio, Loreto no fue solo profesora. Ha sido un apoyo constante: en lo emocional, en lo práctico, en todo. Siempre preocupada, acompañándonos, motivándonos. Al comienzo nos reuníamos acá, pero recuerdo que un día llovía mucho y propuse que fuéramos a mi casa. Siento que desde ahí el grupo cambió, se hizo más cercano. Porque no es lo mismo estar en un espacio común que en la casa de alguien. Se vuelve más íntimo. Ahí empezamos a compartir más, a contarnos

nuestras cosas, nuestras historias, nuestras vivencias. ¿Qué es lo más significativo que te deja esta experiencia? Sin duda, el vínculo. Más allá de lo que hemos aprendido en lo técnico, lo más valioso ha sido la relación que se ha formado. Nos conocemos en profundidad: nuestras historias, nuestras dificultades, nuestras familias. Y eso es muy enriquecedor. Además, todas sabemos lo que significa cuidar. Sabemos lo que es estar al servicio de otra persona, lo que implica emocional y físicamente. En tu caso, ¿cómo fue la experiencia del cuidado? En mi caso fue un poco distinto, porque somos cuatro hermanos y nos turnábamos para cuidar a mi papá. Al principio estuve más sola, pero después logramos organizarnos. No fue fácil, hubo conversaciones y momentos difíciles, porque el cuidado siempre es complejo dentro de la familia. Pero finalmente lo logramos, y hoy sentimos que cumplimos con lo que nos

correspondía. ¿Qué piensas sobre el cuidado hoy en día? Creo que es un tema muy importante. Hoy en día muchas personas ya no pueden o no quieren asumir ese rol, y se está delegando más en otras personas o instituciones. Nosotras, de alguna forma, somos parte de una generación que todavía vivió ese proceso de cuidar directamente. Y eso también nos une como grupo. ¿Hay alguna técnica que prefieras? Sí, me gusta mucho el crochet, porque es más práctico. Lo puedo llevar a cualquier parte: en el metro, en una sala de espera. El telar también me gusta, pero el crochet es más fácil de adaptar al día a día. ¿Han pensado en vender sus productos? Sí, es algo que nos interesa, pero también es difícil. Muchas veces la gente no valora el trabajo artesanal: no consideran el tiempo, la dedicación ni el costo de los materiales.

Por eso creemos que sería bueno participar en ferias más enfocadas en lo artesanal, donde sí se valore este tipo de trabajo. Para cerrar, ¿cómo resumirías esta experiencia? Con mucha gratitud. Me voy agradecida de la compañía, del aprendizaje y de todo lo que hemos compartido. Siento que me he enriquecido con cada una de ellas. Para revista Curacavíve es un privilegio dar a conocer esta hermosa iniciativa. En un mundo donde el cuidado suele ser invisible, experiencias como estas recuerdan que también es posible tejer redes que sostienen la vida.

Publicado originalmente en la Edición N°051 · páginas 8–13 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de