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Opinión Edición N°016 · páginas 18 Público

Marcela

Página 18 de la Edición N°016 — Foto: archivo Curacavíve

Sepúlveda Zamora

ún tengo en mi memoria el día 3 de marzo cuando los medios de comunicación nacional anunciaban el primer caso de contagio Covid-19 en nuestro país. Muy pocos pensaron qué nos depararía el futuro; no se nos pasó por nuestras mentes que, este virus surgido en una ciudad oriental, nos haría florecer lo más humano de lo nuestro (lo más bueno y lo más malo), las desigualdades de nuestra sociedad chilena, aquellas formas de pensar expresadas en la frase del Gerente de la Cámara de Comercio de Santiago, Carlos Soublette, que decía: “…no se puede matar la actividad económica “por salvar vidas”…”, sin pensar que la cuarentena total podía ser una alternativa drástica, pero necesaria para detener el acelerado avance del virus y proteger el bien más preciado que es la vida de todos y todas, los ciudadanos de nuestro país. En el fondo ésto deja entrever que la historia de salud pública en Chile requiere conductas profundas, drásticas de disciplina, que permitieron vencer por ejemplo, la gripe española, la desnutrición, la diarrea infantil, el cólera y hace no muchos años atrás, la influenza, donde el Estado asume el rol protector de los ciudadanos, tomando las medidas económicas, sociales y sanitarias que sean necesarias debiendo poner el sentido más humano de estas crisis. Esta crisis nos impone la necesidad de un liderazgo fuerte

y de lógicas que expresen de coherencia, no podemos titubear en lo que se comunique a nuestro pueblo; no podemos señalar que no son necesarias las mascarillas y luego decir que se deben usar, no podemos incentivar la distancia social y a la vez motivar a regresar a la “nueva normalidad”, no podemos dejar en el desamparo a los trabajadores cuando los despiden argumentando la “protección del empleo” haciendo que los más humildes y la clase media pague con sus empleos la crisis de la pandemia. Es ahora cuando tenemos que mostrar nuestra capacidad de organización, nuestra solidaridad en las relaciones

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primarias de nuestra comunidad, aquella de las ollas comunes en los 80s´, la de la solidaridad barrial cuando muere un vecino o vecina, la de los comités de salud poblacional, de Las organizaciones de Cesantes que nos entregaron aprendizajes de enfrentar las crisis económicas más graves que ha vivido nuestro país y que deberá afrontar resguardando que exista el menor costo social, económico y de salud posible. Confío en la capacidad de nuestros vecinos y vecinas para superar esta situación y he puesto toda mi experiencia y capacidad profesional a disposición para enfrentarla.

Publicado originalmente en la Edición N°016 · páginas 18 del ejemplar impreso.
Con el apoyo de